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Intoxicados

26 julio, 2007

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Algo huele mal en los call centers

Veinte jóvenes trabajadores del call center Teleperformance fueron internados por aspirar pegamento con el que se pegaban las alfombras mientras ellos trabajaban. Los que reclamaron, fueron además despedidos poco después. El sistema de control y “quema del cerebro” tiene aditamentos como que no se contrata a chicos que estudien Humanidades o Sociales, por considerarlos peligrosos. lavaca acompañó la movilización de esta semana. La confesión del presidente de la empresa, sobre cómo crear empleo.

Hipólito Irigoyen 2350. 16.30 horas. Frío insoportable. La escena es desoladora: un edificio a medio construir, cien chicos de entre 20 y 27, con barbijos y máscaras, reclaman en la calle a los gritos algo inédito: “Queremos trabajar sin ser intoxicados”.
Se repiten varios reclamos del estilo: “Queremos que el edificio esté en buenas condiciones y no a medio construir como está en este momento” o “No queremos perder la audición, tener ataques de pánico, de estrés, ser medicados”. Para la empresa Teleperformance estos reclamos son imposibles de resolver. El mismo Norberto Varas, presidente de la empresa, les dijo hace poco a dos despedidos: “La única forma de crear empleo en Argentina es en estas condiciones”. Los dos jóvenes repiten la historia, como si no pudieran creerla, como tampoco puede creer nadie con sentido común que Varas admita su propia incompetencia sin renunciar.
Las condiciones de las que habla Varas pueden graficarse con una reciente anécdota:
El 4 de julio en el edificio de la calle Hipólito Irigoyen 2350, obreros pegaban alfombras en los pisos al tiempo que los jóvenes trabajaban atendiendo llamados. Veinte de ellos comenzaron a sentir náuseas, mareos, empezaron a vomitar, a toser. Estaban intoxicados por el pegamento. “La empresa habilitó una sala para poner a los enfermos y decidió no llamar a la ambulancia porque sería tremendo para su imagen tener ambulancias llevándose a veinte trabajadores intoxicados”, cuenta Raquel de 27 años, que presenció la situación.
“Los metieron en un taxi y los llevaron a una clínica de Villa Crespo”, dice con bronca. Por reclamar frente a esa situación, dos de los que regresaron al día siguiente recibieron como bienvenida la noticia de que se quedarían sin trabajo. “Casi como un castigo por ser débiles, por enfermarse…En este momento pedimos la reincorporación de los despedidos y que mejoren las condiciones de trabajo ¿Es tan descabellado?”, se pregunta Raquel.

Humanidades y sociales, discriminadas

Ella, al igual que muchos de los 2.000 jóvenes que trabajan en ese edificio de TP es estudiante universitaria, está terminando la tesis para recibirse de Licenciada en Comunicación Social. “Sabemos que en Telefónica dejaron de contratar estudiantes de carreras humanísticas o sociales porque creen que es más probable que intenten organizarse”, dice Raquel.
Algunos vecinos salen a mirar, entre ellos, tres señoras ataviadas con joyas y tapados de piel fruncen el ceño, salen de enfrente del edificio y se acercan a preguntar qué pasa. Alguien les contesta que hay una protesta porque la empresa que está aquí enferma a sus trabajadores. ¿De dónde es?, pregunta la señora, “Es una multinacional”, dice uno y otro dice “Es yanqui”. “Yo trabajé en una multinacional y nunca me pasó nada”, dice la señora, insistente. “Pero ésta explota a los trabajadores”, le responden. “Igual yo estoy contenta, porque antes ahí estaba lleno de cirujas”, expresa la mujer y se toma del brazo de las otras dos para después irse caminando despacio.
Algunos cantos y bailes al ritmo de bombos y redoblantes obligan a moverse un poco y eso ayuda a mitigar el frío. Música sobre la situación sindical y la patronal: “A dónde está, que no se ve, la CTA y la CGT”, “Trucho y cagón son los apodos del patrón”. Algunos trabajadores tomaron la palabra, otros grafitearon la vereda de la empresa con consignas como “Reincorporación Ya” “No a los despidos” “Si a la elección de delegados”. Todo cobró un clima de desahogo, el que se siente cuando uno puede expresarse en un contexto hostil como lo era la puerta de la empresa. Más de veinte uniformados en fila protegían la semi destruída empresa y cada tanto se asomaban los de seguridad privada que estaban adentro.

Cuando hasta logearse es un drama

Los jóvenes que están protestando trabajan en un régimen que les permite apenas dos descansos diarios de quince minutos cada uno. En ese tiempo tienen que ir al baño, relajarse, comer algo y prepararse para el regreso. Una vez en el lugar de trabajo tienen que encontrar una máquina que funcione, si no se pueden logear porque la maquina está rota, se les descuenta el tiempo que les lleve conseguir otra computadora que funcione. Ya logeados se calzan el headset o auricular que en la mayoría de los casos funciona mal y les termina causando problemas de audición. Los llamados empiezan a “caer”, como dicen ellos, uno atrás del otro, sin parar, y si no conseguís atenderlos y resolver los problemas en pocos minutos, te quedás sin el premio y no sólo eso, dejás sin premio al grupo. Los compañeros de al lado te miran mal. El supervisor te dice “No servís para nada”.
Todo esto que cuenta Raquel, lo repiten todos los operarios de call centers que son aproximadamente 50.000 en todo el país.
Gloria Buccella tiene 27 años, pelo negro y ojos verdes. Está en tercer año de la carrera de Sociología y desde los 23 trabaja en Teleperformance para la campaña de Motorola en la que atendía a los clientes de Estados Unidos. Se acerca en medio de los tambores y cuenta su historia: “Por el maltrato psicológico y las presiones para vender más, porque todo el tiempo escuchan las llamadas, y en fin, las malas condiciones de trabajo, tuve un cuadro de estrés laboral. Empecé a estar muy nerviosa, a no querer ir a trabajar, a tener ataques de llanto, de miedo. Mi médica me aconsejó tomar distancia del trabajo y me dieron una licencia psiquiátrica”, cuenta.
La situación de trabajo y la licencia psiquiátrica parece un paisaje normal en estos tiempos. Gloria se fue de la ciudad, estuvo casi confinada por un mes y para cuando pudo volver, la empresa debía reasignarla en un nuevo lugar de trabajo. Contestando mails, haciendo tareas administrativas, lo que sea, pero lejos de la atención telefónica. En lugar de eso, la despidieron el 2 de julio. En una carta abierta a sus compañeros de Teleperformance, Gloria escribió: “Nos tratan como si fuéramos material descartable, tenemos un tiempo de uso y luego de exprimir al máximo todas nuestras capacidades, ya está, nos despiden, con o sin indemnizar y luego, contratan otros jóvenes a los que también engatusan con falsas promesas”. La carta completa puede leerse en http://www.teleperforados.com.ar seguida de varios comentarios de chicos de TP que resaltan la capacidad de trabajo de Gloria y se solidarizan con ella. Hoy, junto a los dos chicos despedidos tras ser intoxicados, pide su reincorporación.

17 horas. La temperatura desciende pero los cantos persisten sobre la calle cortada por el piquete de los precarizados. De la puerta de la empresa sale un joven y empieza a gritarle a una chica, despedida hace poco, la chica le devuelve el grito. Los tambores paran de sonar, el chico se va rápido, algunos corren a ver a la chica que llora con fuerza.
¿Qué fue lo que pasó? “Bajó un trabajador y le dijo a una compañera nuestra que por culpa de ella que es integrante de Teleperforados, habían echado a algunos compañeros. “¿Ves? Estas son las presiones psicológicas de las que hablamos. Esto es lo que nos hace la empresa, nos divide”, explica Raquel con bronca.

17.30. Una comisión formada por los dos despedidos a raíz de la intoxicación, más Gloria y Raquel ingresan al edificio para presentar formalmente un pedido de reincorporación y de mejora de las condiciones del edificio ante un directivo de la empresa. El hombre les responde que en una semana tendrá una contestación sobre los despidos porque necesita analizar los casos uno por uno. Sobre las condiciones de seguridad en el edificio les asegura que ya están trabajando para acelerar las obras. Habrá que esperar entonces para saber cómo termina la historia. Afuera, espera el resto del grupo, que sigue agitando las alocadas consignas: “Si no querés ser adicto al poxi por culpa de TP o tener una licencia psiquiátrica o que te rajen cuando se les da la gana, organizate con tus compañeros para reclamar lo que te corresponde”.

Para contactarse se puede visitar el sitio www.teleperforados.com.ar
O escribir a teleperforados@gmail.com
Fuente:la vaca

publicada 25/07/2007

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