Una jueza argentina prohibió a las compañías telefónicas que prestar servicios de radiodifusión, en una medida polémica, fuera de toda razón tecnológica, que tiene como telón de fondo a las empresas monopólicas Clarín y Telefónica. Ambas buscan estar en un segmento de las telecomunicaciones, o en todos al mismo tiempo, desplazando a la competencia.
En este contexto, la decisión de Telefónica de ingresar en la transmisión televisiva por internet generó la reacción de la empresa periodística argentina que, también en su sector, ejercer una estructura vertical de organización que impide a la competencia poder mantenerse en el mismo sector.
Con buenas llegadas a los despachos oficiales y oficiosos, los dos grupos pelean no de frente, sino utilizando para ello los resortes del Estado, la justicia, los funcionarios del Poder Ejecutivo, los legisladores.
Todos intervienen sin discutir la cuestión central: puede cualquier empresa transmitir radio y televisión a partir de las nuevas tecnologías sin autorización de los Estados? ¿Hay un nuevo espacio telecomunicacional abierto a partir de los satélites y de Internet, donde nos estados no ejercen soberanía de manera individual?
Estas preguntas están dando vuelta en las cuestiones de fondo, más allá de las disputas miserables de las empresas monopólicas que buscan apropiarse de los bienes públicos, esquilmar a los habitantes del país, impedir que las organizaciones sociales participen bajando los costos y llegando a toda la comunidad y extorsionar a los Estados.










